Aunque todos sabemos que la mejor época para hidratarse es el verano, no debemos perder de vista hidratarnos ahora que se acerca el invierno.
La poca sudoración y la gran sensación de frío en meses como diciembre nos suelen confundir.
La palabra Hidratación proviene de la palabra griega «hydor-hýdatos» que significa agua.
Este agua ingresa a nuestro organismo por medio de bebidas y de alimentos (casi un 20%) como las frutas y las verduras.
Nos abandona por medio de la orina, la transpiración y en una proporción menor, en las heces y en el vapor de agua exhalado por los pulmones.
Mantener un adecuado equilibrio entre la ingestión y pérdida de agua es fundamental para evitar deshidrataciones.
Los signos que puede presentar una persona deshidratada son:
- Sensación de sed intensa.
- Boca y lengua secas; saliva espesa.
- Ojos hundidos.
- Palidez de la piel y las mucosas.
- Taquicardia y taquisfigmia, aceleración del pulso.
- Alteración de la conducta.
- Menor cantidad de orina.
- Insuficiencia renal aguda.
- Signo del lienzo, trás pellizcar la piel, ésta tarda varios segundos en retomar su estado original.
No existen fundamentos cientificos que prueben la creencia de beber 2 litros diarios, solo se debe tomar como referencia. La OMS no se ha pronunciado al respecto sobre la cantidad, si lo hace con respecto a la calidad y condiciones minimas que debe tener el agua que cosumimos.
La cantidad que cada individuo debe ingerir varía ampliamente en relación al:
- Peso y superficie del cuerpo.
- Temperatura y humedad del ambiente.
- Las actividades físicas que realiza.
- La ausencia de enfermedad.
Debemos estar atentos a las señales que nuestro propio cuerpo nos envía y darle agua siempre que lo necesite.
Ten siempre a mano, un buen vaso de agua.
Fuentes: McJunkin, F. Eugene. Agua y salud humana.





