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No esperes a tener sed: cómo hidratarte bien cuando empieza el calor

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El calor llega casi sin avisar. Cambiamos la ropa, abrimos más las ventanas, alargamos los paseos… y, muchas veces, seguimos bebiendo la misma agua que en invierno.

Pero el cuerpo ya lo nota.

Con la subida de las temperaturas, perdemos más líquido a través del sudor, incluso aunque no estemos haciendo ejercicio intenso. Y ahí aparece una de las señales más sencillas de ignorar: la sed. El problema es que, cuando llega, el cuerpo ya puede estar empezando a pedir ayuda. Por eso las recomendaciones sanitarias insisten en beber agua y líquidos con frecuencia, aunque no tengamos sed.

La hidratación no sirve solo para “quitar la sed”. Ayuda a regular la temperatura corporal, favorece la concentración, contribuye al buen funcionamiento digestivo y puede reducir molestias tan habituales como dolor de cabeza, cansancio o sensación de pesadez.

En días de calor, pequeños gestos marcan la diferencia: llevar siempre una botella de agua, beber a sorbos durante el día y no concentrar toda la ingesta en un solo momento. Si te cuesta beber agua, prueba a asociarla a momentos concretos: al levantarte, antes de salir de casa, a media mañana, con las comidas o al volver de la calle. No se trata de beber mucho de golpe, sino de mantener el hábito.

Una forma sencilla de orientarte es observar el color de la orina: si es clara o amarillo pálido, suele ser buena señal; si es oscura o vas pocas veces al baño, puede indicar que necesitas beber más líquido.

También hidratan los alimentos. Frutas, verduras, cremas frías saludables o ensaladas pueden ayudarte a sumar líquido sin darte cuenta. Y si haces deporte, trabajas al aire libre o sudas más de lo habitual, conviene prestar todavía más atención. El agua suele ser suficiente en la mayoría de situaciones, aunque en esfuerzos intensos o prolongados puede ser recomendable valorar otras opciones con asesoramiento profesional.

En niños, personas mayores, embarazadas o personas que toman determinados medicamentos, la sensación de sed puede no ser suficiente como aviso. En estos casos, conviene anticiparse y ofrecer agua con más frecuencia.

Eso sí: no todo vale. Las bebidas alcohólicas, muy azucaradas o con exceso de cafeína no son la mejor forma de hidratarse cuando aprieta el calor, porque pueden favorecer la deshidratación o desplazar el consumo de agua. Si buscas algo más apetecible, puedes tomar el agua fresca o añadir unas gotas de limón, hojas de menta o rodajas de fruta.

Este mes, antes de que llegue el verano de lleno, haz una prueba sencilla: no esperes a que tu cuerpo grite. Bebe antes de tener sed. Descansa cuando notes fatiga. 

Observa las pequeñas señales. El cuidado empieza muchas veces en algo tan sencillo como un vaso de agua a tiempo.

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