
No existen evidencias científicas que demuestren relación alguna entre el uso prolongado de las mascarillas con la aparición de patologías orales.
El mal aliento está directamente relacionado con algún problema bucodental, más concretamente en la lengua o las encías, que ya estaba presente en nuestro cuerpo y que hasta ahora no lo habíamos detectado.
Por otro lado, una de las principales funciones de la mascarilla es evitar que expulsemos residuos bucales al exterior, dejando almacenada las gotas en su tejido.
Si alargamos las horas de uso recomendadas, provocamos que estos residuos se vayan secando en exceso y además de ir perdiendo su eficacia van desprendiendo un olor bastante desagradable.
Este olor debe desaparecer haciendo un uso correcto de las mascarillas, en caso de que el mal olor persista hay que acudir a un especialista.
Con todo ello podemos afirmar que el uso de las mascarillas no aumentan las patologías bucales, en todo caso las desenmascara.





