Durante el embarazo las necesidades de Yodo se incrementan entre el 30% y el 50%, pasando la recomendación de yodo de 150 microgramos a al menos 200 microgramos, ese incremento debería ser compensado a través de una nutrición rica en componentes yodados en la que se encuentren alimentos como la sal yodada, pescados, legumbres y verduras como el brócoli, la zanahoria o las espinacas.
La deficiencia grave o moderada de yodo puede llegar a generar hipertiroidismo (aumento de los niveles de hormonas tiroideas en sangre) o hipotiroidismo (disminución de las niveles de hormonas tiroideas en sangre) en la madre y en el niño, siendo la el déficit de yodo la primera causa evitable de lesión cerebral en fetos según expertos en endocrinología y nutrición.
Tradicionalmente la dieta seguida por las madres gestantes en España ha sido deficitaria en yodo, por lo que habitualmente los expertos aconsejan el consumo de suplementos yodados.
Es recomendable durante el embarazo el consumo de al menos 2 vasos de leche, usar sal yodada en vez de la sal común para condimentar las comidas y el consumo de pescados ricos en yodo como el salmonete.
Si lo que quieres es ser madre es recomendable consultar a tu médico para llegar al embarazo sin déficit de yodo, normalmente tomando un suplemento yodado durante 3 meses antes de la gestación se conseguirán los niveles adecuados de yodo.





